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REVISTA LECTURAS

sábado, 17 de abril de 2010

Crítica- Performance, a partir de Tania Bruguera. Bernardita Lira M


Aunque la performance puede parecer un apéndice del teatro por sus características de exposición escénica que funcionan frente a un público determinado, acto presente único e irrepetible, conteniendo discursos que abordan, por lo general, temas de problemática social directamente política (a veces de politiquerismo), existen argumentos como el de Diana Taylor que define: “Performance incluye pero no puede reducirse a los términos que usualmente se utilizan como sus sinónimos: teatralidad, espectáculo, acción, representación. Teatralidad y espectáculo, capturan lo construido, el sentido abarcativo, de performance. Las maneras en que la vida social y el comportamiento humano pueden ser vistos como performance aparece en esos términos, aunque con una particular valencia”.

El sentido de espectacularidad de la performance, es complejo en cuanto puede caer en lo resultativo antes que en lo reflexivo, pues la inmediatez y casi ilegalidad de este arte, muchas veces lleva los medios de exposición a limites como la obviedad y el patetismo.


Recuerdo en 2008 haber presenciado una performance de la Artista chilena Elizabeth Neira, realizado en una de esas tantas casas abandonadas en Santiago, que eran tomadas como centro de manifestación artística. En medio del patio una silla, el público desparramado alrededor. La performer atraviesa el patio, se sienta. Trae puesto un coqueto vestido blanco y un bolso de mano. Abre con toda elegancia y seducción las piernas, abre su bolso y saca una prestobarba. Se sube el vestido y se empieza a rasurar el pubis que no lleva calzón. Se rasura completamente, saca de su bolso una bandera chilena, la estira y luego la enrolla. Saca de su bolso un condón, con el que cubre la bandera, objeto final que luego introduce en su vagina. Cierra las piernas, se pone de pie y se va.


La teatralidad se presenta con una cronología aristotélica en las acciones escogidas, en la ejecución. El lenguaje corre el riesgo de caer, saboteado, por los medios expresivos escogidos, en reiteraciones y excesos. Un arte fácil de descifrar es un arte pobre de opinión. Y no es que se le reste importancia a la superficie del objeto artístico, sino que cuando esta superficie es espectacular y sensacionalista queda más bien supeditada al ámbito de la publicidad o del periodismo cultural.


Si bien la performance tiene sus orígenes en el Dada, pasando por el happening, el accionismo vienés y por qué no, los actos poéticos y el teatro pánico de Alejandro Jodorowsky, sin duda debe regenerar los medios expresivos aprendidos, pues muchas veces nos encontramos con actos que en los setenta u ochenta tendrían un significado majestuoso en cuanto a rupturas de estructuras expresivas, impacto social y protesta. Pero cuando ya hemos incorporado a nuestro lenguaje visual ciertas imágenes y discursos, la performance se torna efímera y hasta repugnante.

Tania Bruguera


Nada en el arte ni en la vida se puede generalizar.

Tania bruguera oscila entre lo experimental y lo conocido.
En su primera década como performer, cuando homenajea a Ana Mendieta, aparecen trabajos como los de la serie Siluetas, donde la artista funde su propio cuerpo con la tierra como materia prima, ahondando en la idea de universalidad donde la naturaleza, el humano en ella, son una sola cosa. A la par, hay trabajos como Rastros corporales, donde introduce las manos en un recipiente con pintura roja y sangre de animal para escribir en el muro. Se renueva luego con aquella obra periódico Memoria de la posguerra, donde ofrece un espacio a los artistas cubanos, en medio de una emigración masiva a causa de la falta de libertad expresiva por parte del gobierno, para que escriban, expongan sus trabajos y puntos de vista. Le suceden varias series similares, que van estrechando su discurso en cuanto se rebela contra el régimen castrista cada vez más opresivo y excluyente para los artistas locales que no ven con buenos ojos tanta prohibición y selectividad para exponer sus trabajos. En 2003 realiza Autobiografía: un escenario vacío, en penumbras, un micrófono en el centro y dos altavoces que proclaman fragmentos de discursos de Fidel Castro como una especie de mantra que se impone a los cubanos desde que nacen.

La temática de Bruguera es siempre la misma expresada con distintas muecas, lo que es valorable en cuanto al desarrollo y progreso de su obra.

Como todo performer, Tania cede a las polémicas.

Entre otras, Autosabotaje, realizado en el marco de la Bienal de Venecia en 2009, donde la artista pone en jaque su propia conferencia con una pistola que apunta a su cabeza y finalmente dispara al aire, o la repartición de cocaína en el Encuentro de Perfomance de la Universidad Nacional de Colombia el mismo año. En ambas ocasiones, pone en conflicto ético tanto su trabajo performático como la recepción del espectador, poniendo sobre la mesa cuestiones referentes a la institucionalidad del arte, la fragilidad de los espacios públicos, el cinismo social y el siempre presente conflicto con el estado.

Con respecto a lo polémico, Guillermo Machuca en remeciendo al papa (UARCIS, 2006), nos dice: “El artista performático (el de la postproducción), necesita del periodista cultural. De este último se podría decir que necesita del artista y su obra a condición que se asemeje lo más que se pueda a la espectacularidad noticiosa acaecida en el campo de la política, el deporte o los asuntos de la farándula. Tanto el artista performático como el periodista cultural necesitan de la simulación de aquello que se considera escandalosos, transgresor y polémico…”

Phrónesis (Sabiduría práctica)

Es sugestivo el viaje que propone aquí como intervención de espacios desde la clandestinidad absoluta, dejando al descubierto el hermetismo de lugares estandarizados para el arte, como son los museos, universidades y escuelas de arte donde se enumera una larga lista de prohibiciones o se establece un orden que parece conformarse con el estado de los sistemas imperantes, donde el arte es aparentemente inamovible. Espacios que son habitados por ella, a la vez que criticados. Expone aquí una tesis clara. La vemos transportarse de un sitio a otro, sin saber por qué o para qué, pudiendo inferir que las mismas instituciones que critica, la acogen y ella, de paso, como un grafitero deja su tac por donde pasa, dejando un registro que burla estas esferas de cristal intocables.

Expone al individuo poseedor de ideas y discursos, como un ser ambulante que no necesita de ninguna construcción más que su cuerpo, el nuestro, el propio, ahí es donde se tatúa “Revolución provisional”, es su ojo quien dicta “instrucciones para el que pasa” o su propia orina quien define en un acto territorial absoluto, bajarse el pantalón y mear a la intemperie en el Centre Pompidou.

Aquí la teatralidad performática se desdobla al mostrar el reverso de la obra. Es la representación de lo representado, resguardado de la misma manera en que se hace la crítica: dentro de una institución.


Es interesante esta contradicción, cuando instala el vértigo ante las variantes ciudadano – espectador y espacio público – institución, pues podemos replantearnos las preguntas sobre teatralidad y espectáculo con respecto al performance y su repercusión en la sociedad, vuelta que deja en claro, por sobretodo, que hablar de performance conlleva entrar en un campo minado por definiciones equivocas, gustos y disgustos, admiración, clichés y muchas dudas.

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