Madrid - Santiago, Spain
REVISTA LECTURAS

jueves, 8 de abril de 2010

El muerto, por Aníbal Escobar Olmedo


Nemesio Valdés tiene cuarenta y un años de edad, mide casi dos metros de estatura y apenas calza del número cuarenta y uno, lo que hace que su equilibrio algunas veces se vaya al carajo. Nemesio tiene el pelo crespo y corto, la cara llena de barba, también corta, y su contextura es delgada y ágil. El señor Valdés, o don Nemesio como lo llama la asesora de hogar que trabaja para él, es profesor de lenguaje en el colegio Cóndores del Sol ubicado en calle Lastrada 128 comuna de San Bernardo y profesor jefe del primero medio C. En el colegio en el que ejerce su profesión el profesor Nemesio es muy respetado: primero por su antigüedad ya que desde que egresó de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación teniendo veintitrés años de edad empezó de inmediato a trabajar en el colegio Cóndores del Sol. Segundo porque la mayoría de las contrataciones del colegio no alcanza los treinta años de edad y los cuarenta y un años de Nemesio imponen respeto entre sus colegas. En el primero medio C hay un alumno llamado Christian Vezmalinovic quien disfruta mucho la literatura; a Nemesio, que es soltero, le intriga mucho que a este muchacho le guste leer cuando leer es lo más pasado de moda que hay; Nemesio piensa que hubiese sido agradable tener un hijo como Christian. Algunas veces cuando al profesor Nemesio Valdés le toca impartir su clase en la jornada vespertina, éste se distrae pensando qué hubiese pasado si nunca hubiese ido a la universidad, o si hubiese estudiado otra cosa, algo que en realidad le gustara. Las clases vespertinas que imparte el profesor Nemesio son tristes, muy tristes. Después de que acaban las clases nocturnas el señor Valdés suele ir a un bar llamado Los Muertos, en donde se les vende licor a todos sin importar la minoría de edad. El profesor sabe que el bar será clausurado en cualquier momento, que uno de estos días tendrá que buscar otro lugar donde beber. A Nemesio Valdés le gusta el bar Los Muertos porque le gusta ver a los adolescentes borrachos, porque le gusta escribir sobre ellos mientras bebe un borgoña o un ron-cola con limón y porque le gusta la garzona tatuada que cuando le sirve un trago le pone los pechos en la cara. El profesor Nemesio en el fondo sabe que le gustan mucho más los muchachos borrachos que los pechos de la garzona. Nemesio llaga a su casa y se acuesta triste, siente que sólo ha dejado pasar su vida y entonces lee algún cuento triste o escucha música triste. A pesar de la pena acumulada al profesor Nemesio Valdés le cuesta una enormidad evocar el llanto.

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