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REVISTA LECTURAS

domingo, 13 de diciembre de 2009

LA CASA TOMADA: Del tiempo personal al tiempo real. Por Constanza Zanetti



El relato, “Casa tomada”, está lleno de interpretaciones posibles, personalmente he preferido alejarme de las que se desprendían demasiado del texto, a pesar de que este es libre de cualquier interpretación.

"Un solo ejemplo bastará para ilustrar hasta qué punto la interpretación de estas metáforas ha conducido a resultados fútiles, cuando no descabellados. <> ha sido traducida como una alegoría del peronismo: los hermanos ociosos representan las clases parasitarias y lo ruidos que terminan expulsándolos de la casa simbolizan la irrupción de las clases trabajadoras en el escenario de la Historia. Otros, han decidido que el cuento revela el aislamiento de Latinoamérica después de la segunda guerra mundial o, tal vez, la soledad nacional de la Argentina durante esos mismos años." (Alazraki, 72)

Luego habla de otras posibles interpretaciones, entre ellas el incesto que sería lo más cercano a lo que propone esta interpretación. Recalco que está claro que se puede intentar interpretar de cualquier forma ya que "(...) una metáfora (...) escapa a toda interpretación unívoca para proponer sus propias imágenes como el único mensaje a que accede el texto." (Alazraki, 71). El asunto de mayor riesgo está entonces en qué o quién se toma la casa, mi propuesta está relacionada con una fuerza mayor, que sería el cambio al cual se oponen los personajes, resulta interesante pensar en lo que ha ocurrido con los personajes después de esto, sabemos que el narrador ha sobrevivido y que se instaura en otro presente que desconocemos, su voz es evidentemente de un tono melancólico, desconocemos su situación actual y lo que le ocurrió a su hermana. Pero tomando en cuenta la rutina que contaba el narrador y la soltería de los personajes, me arriesgo a pensar que es el cambio lo que necesitan los personajes, sin ese cambio el desarrollo y el desenlace de la historia se hace imposible, se quiebra ese orden temporal, circular repetitivo. Por lo que en el cuento “Casa tomada” de Julio Cortázar la toma de la casa es la representación de un quiebre temporal que produce un cambio en el refugio que han creado los hermanos. Esto también lo relacionan con el ruido, la invasión de lo extraño en el relato fantástico (Silva, 38)

En ese refugio se presenta la monotonía de los personajes, que se expresa en sus comportamientos rutinarios en el tiempo, Irene se dedica a tejer cada día, el narrador a leer o revisar sus estampillas, ambos simultáneamente a limpiar y también a cocinar; es un orden que no quiere ser interrumpido, ni siquiera parece cambiar cuando el narrador sale el sábado a comprar lana y ver libros, porque son provisiones para poder mantener la monotonía que instauraron en el hogar. Con respecto a eso Scasso dice:

La casa es el recinto de un pasado que se quiere inmaculado pero que el polvo, ese representante del implacable tiempo, insiste en hacerse presente. Sin embargo, el relator manifiesta otro tipo de insistencia, de necesidad que avale la supervivencia de la pareja: la del tiempo detenido. Tiempo real que jamás podrá detenerse a pesar de que los diferentes rituales de limpieza y ordenamiento intenten, mágicamente, detenerlo. Tiempo que sólo se detuvo dentro de los hermanos. En esa casa inmovilizada a través de conductas estereotipadas y rituales cotidianos, un día se quebró el frágil mecanismo que permitió la puesta en marcha de ese “otro reloj” que significó el acoso con los ruidos. Ruidos más bien dentro de los hermanos (del relator) que dentro de la casa. (30)

El tema del tejido parece ser no solamente un vicio inocente, ni mucho menos que esos personajes estén instaurados precisamente ahí y en esas circunstancias.

(…)la casa está habitada precisamente por dos hermanos, de sexo distinto; dos hermanos que son los últimos de una larga genealogía que está condenada a sucumbir porque no han contraído matrimonio. Ambas obras se construyen, principalmente, pues, en torno a un triángulo de personajes; la casa y los dos hermanos que la habitan, y el núcleo del relato es precisamente el conjunto de interacciones entre ellos(…)” (Pérez Venzalá)

Volviendo al tema de la creación, el narrador retrata a Irene en relación al tejido, y de ahí mismo se puede desprender lo maternal “(…)era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio.” “(…) tejía cosas siempre necesarias” “Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas.”, “(…) Irene cantaba canciones de cuna” Tejer es la obsesión con la creación, hay una dualidad y una armonía en los personajes, una especie de antigua representación de lo femenino y lo masculino, lo paternal y maternal, en que la casa podría estar representando una herencia frustrada, la soledad y la preocupación de mantener estable una familia ficticia; el tejido como la progenie fallada, creaciones útiles que hace para el narrador o para la casa, pero también entes independientes, esto que se ve recalcado en Irene no sólo por lo anterior si no que también en su afición por cantar canciones de cuna. El tejido es entonces la creación pura, su hermano le da el material para tejer, lo cual se podría relacionar con la función de un hombre y una mujer en la reproducción, retratada en una abstinencia perfecta, un matrimonio casto de parientes destinados a la desaparición de ellos y sus bienes, la gran casa.

A partir de la rutina de los personajes, se puede llegar a pensar que hay una extraña situación mental en ellos, no sabemos por qué Irene tenía pañuelos blancos, verdes y lilas con naftalina, ni porque los personajes no se dedicaban a otra cosa aparte de cumplir esa rutina establecida, el problema esta en que no conocemos más rasgos que pudieran explicar ese comportamiento. Desde un punto de vista lógico, se podría pensar en orden y en la organización perfecta, pero según la psicología serían rasgos obsesivos o desde mi punto de vista una resignación y simulación referente a la vida, una farsa, que tal vez podría responder a un miedo a salir al exterior; esto último esta referido a la casa, su bien descrita belleza aparte de responder a un esteticismo importante en la historia, es la contraposición de lo que se encuentra fuera de esta, que sería la calle, que supone violencia, esta poblada, sucia, en cambio la casa es hermosa, cómoda y la mantienen limpia, la calle supone necesidad de acción, de movimientos y cambios, transición de diversas personas, conector de diversos lugares, mientras que la casa responde más a un reposo, al espacio personal, a la quietud, al refugio, al hogar y a lo familiar.

A pesar de que la casa representa para los personajes un valor familiar - es decir la herencia-, también lo cómodo, lo bello, hasta lo lujoso, puede ser también el vacío en los personajes, están solos, viven solos, tienen una gran casa llena de habitaciones vacías, sus únicos parientes son primos lejanos -con lo cuales al parecer no tienen contacto- y dinero en sus campos que no pueden compartir con nadie, no se tienen más que a si mismos, a sus tejidos y sus libros. Es un escondite lleno de pertenencias personales y recuerdos a los cuales están adheridos.

El cambio que se produce cuando viven en la parte que queda de la casa refleja la persistencia de los personajes por instalar un estilo de vida monótono, que se simplifica al tener un menor espacio, la nostalgia los inunda ya extrañan la casa por completo pero aprovechan la mínima cantidad de espacio para hacer más estable sus pequeños e “inocentes” vicios, monotonía en la cual insisten, de esa parte cito “Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.”

Referente al orden y a los problemas mentales, imponerse naturalmente ruido y silencio en el espacio, corresponde a un orden establecido por sus habitantes, es lo que se supone debería ser, pero su realidad es diferente, se fuerzan por hacer ruido en el día y así mismo se obligan a permanecer en silencio por las noches, en la cual cuando ya no tienen control sobre si mismo, bajo el estado de inconciencia despliegan su verdadera naturaleza, cosa que les molestaba, provocaba desvelo el ruido, probablemente más que eso la representación de un problema presente. El extraño estado psicológico de los personajes, esta muy relacionado con eso, es curiosa la intranquilidad al dormir en contraposición a su comportamiento, mientras están despiertos. Recordemos a Freud y su teoría de los sueños, si el estar despiertos es la conciencia y el sueño es el inconciente, sus reacciones indican que algo estaría necesariamente mal. Si los problemas no se reconocen siquiera en el medio conciente no les quedara más escapatoria que el inconciente; estos malos sueños que ocurren luego de la primera toma de la casa presenta la preocupación de los personajes por dejarla y sucumbir al cambio. Así el silencio de la casa ya muy personificada y la noche delatan las verdades de los personajes, la situación es peor cuando no se puede concebir el sueño, los ruidos y los gritos que hacen que se despierten, hace concientizar los problemas, en el cual reaccionan mutuamente, es decir que el problema de uno sea el del otro, el evidentemente lazo de hermandad, importante entre ellos –casi deformada al incesto- y la ya nombrada dualidad extraña que hace que los personajes actúen más o menos igual.

Luego sigue el momento en que la casa ha sido tomada y no queda más que escapar, empieza totalmente la capacidad de cambios, no sólo están en problemas si no que el tejido de Irene no puede sostenerse lejos de ese mundo ficticio que se han creado. Alejarse es la única opción, tirar la llave supone la total resignación y la imposible regresión al antiguo estado en que vivían, además este cierre de la puerta es un acto casi sagrado en que se termina de cerrar la casa hasta para ellos mismos, obviamente también para los demás, para dejar al menos el recuerdo intacto y no dejarlo al alcance de las manos de una persona ajena, peor aún alguien que sólo viese el valor económico de sus objetos y no lo que representan.

"(...) la presencia indefinida lo toma todo, no queda más remedio que huir." (Botton, 126)

La persistencia de los personajes por seguir viviendo en la casa a pesar de que ya se la han tomado responde a una persistencia y una lucha que se mantendría hasta el final por continuar con el estado de reposo, lo cual resulta una lucha inútil, la toma de la casa es una idea muy grande, más fuerte y definitiva que ellos, supone un asunto necesario en la historia, su lucha contra eso es similar a la de un héroe trágico intentando luchar contra el destino que se muestra inclemente.

En conclusión el cuento “Casa tomada” de Julio Cortázar, es la representación de que las cosas deben estar necesariamente en un proceso de cambios perpetuos que representan la naturaleza de las cosas, la casa es el refugio de los personajes y entre ellos que son de extrema confianza intentan alivianar la soledad a partir de su rutina necesaria, en que ambos como se conocen a la perfección no pueden dañarse, pero no pueden estar juntos (no es que lo piensen) por lo que deciden vivir una vida muy tranquila, a través de elementos ficticios que alivianen su situación pero su refugio y su vida se ve necesariamente interrumpida para que puedan salir al mundo exterior.

Bibliografía

1- Jaime, Alazraki. Hacia Cortazar: aproximaciones a su obra. Anthropos, 1994.2- Pérez Venzalá, Valentín. Incesto y espacialización del psiquismo en "Casa tomada"de Cortázar” Espéculo. Revista de estudios literarios. 1998. Electronico. Universidad Complutense de Madrid. https://www.ucm.es/info/especulo/numero10/cort_poe.html, fecha de visita: 21 de junio de 2009.

3- Scasso Rossi, Pablo. “Casa tomada: aproximaciones a una interpretación”. Separata de Noticias Nº 115 - Marzo 2002: 30-33.

http://www.smu.org.uy/publicaciones/noticias/separ115/art-17.pdf, fecha de visita 21 de junio de 2009

4- Botton, Flora. Los juegos fantásticos. México: Editorial Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras 2003.

5- Silva Cáceres, Raúl. El árbol de las figuras. Colección Texto sobre texto, 1997.

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